Existen tres formas de conseguir ejemplares para una colección, a saber:
Cada una de estas formas tiene sus propias ventajas e inconvenientes, aunque como es lógico, no son excluyentes y uno puede intentar sacar el máximo partido de todas ellas.
La autorecolección resulta especialmente gratificante para aquellos que gustan del aire libre y puede practicarse a varios niveles. El más sencillo -y el que ha dado origen a casi todas las colecciones, o al menos a casi todos los coleccionistas- consiste simplemente en pasearse por la playa mirando la arena con un poco de atención. Es fácil encontrar así una gran variedad de ejemplares, aunque por supuesto, no todas las playas son iguales: las mejores son aquellas que presentan fuertes mareas, y el mejor momento para encontrar ejemplares inusuales es siempre después de una buena tormenta. Desgraciadamente, las conchas recogidas en la playa suelen estar bastante deterioradas, y su valor para el coleccionista serio (salvo que se trate de ejemplares realmente poco corrientes) es muy escaso.
Un segundo nivel de autorecolección, algo más sofisticado pero que cualquiera puede practicar, es la inmersión a pulmón libre. Únicamente necesitaremos gafas de buceo, un par de aletas y un tubo para respirar (también son recomendables unas chanclas cangrejeras de goma para pisar las rocas y no pincharse con los erizos, y una bolsa, de malla a ser posible, para ir echando los ejemplares) De esta forma uno puede conseguir ejemplares vivos en mucho mejor estado que los que encuentra en la arena, además de divertirse buceando. Las mejores zonas son las de suelo rocoso, o las cercanías de los arrecifes, aunque hay que contar con las limitaciones de los pulmones de cada uno a la hora de establecer la profundidad alcanzable.
Una última opción con más posibilidades aún es el buceo con botellas de aire comprimido. Sin embargo, para esta modalidad es conveniente haber seguido antes un cursillo de buceo, ya que al poder alcanzar profundidades mucho mayores y en zonas más alejadas de la costa siempre existe un riesgo. En casi cualquier lugar de veraneo existen clubs y empresas que organizan estos cursillos, por lo que no es difícil conseguir instrucción. Si se siguen las indicaciones y enseñanzas de los monitores, es una experiencia verdaderamente inolvidable y segura.
Existe además otra fuente de ejemplares nada despreciable: no debe olvidarse el valor gastronómico de muchos moluscos que hace que se desarrolle una importante actividad pesquera en torno a ellos. Por ello, en los puertos de mar, los pescadores pueden convertirse en buenos suministradores de ejemplares, así como también las lonjas y mercados. Es cuestión de darse una vueltecita por ahí y hablar con la gente...
En cuanto al intercambio es otra fuente muy interesante, ya que todos los aficionados tienen facilidad para hacerse con gran cantidad de ejemplares de su región que suelen estar dispuestos a intercambiar con los de la nuestra, que a ellos les resulta mucho menos accesible. Debe tenerse en cuenta que estos intercambios son equitativos y por lo tanto los ejemplares deben estar en el mejor estado posible y llegar a un acuerdo previo (un acuerdo "entre caballeros", porque no suele haber papeles de por medio...) sobre lo que se va a intercambiar. Aparte de las evidentes ventajas económicas, lo mejor de este método es que además de conchas pueden conseguirse amigos. El único inconveniente es que antes de nada hay que conseguir ejemplares para intercambiar. En cuanto a los candidatos, en cualquier revista especializada o en la misma red pueden encontrarse, pero si tenéis verdadera prisa podéis dirigiros a la sección de Enlaces y en Vita Marina y Spirula, dentro de su sección "Shellers Directory" encontraréis una lista de más de 800 buenos candidatos...
La tercera forma, la compra de ejemplares, resulta ser muchas veces la única manera de conseguir ejemplares exóticos y es desde luego la más cómoda para aquellos que no experimenten un especial gusto por las actividades al aire libre. Existen conchas de todos los precios por supuesto, y algunas resultan verdaderamente prohibitivas, pero en general no es demasiado caro conseguir de esta manera una buena colección, sobre todo si uno no tiene prisa. Debe tenerse en cuenta que pequeñas variaciones en el tamaño y la calidad de los ejemplares originan grandes diferencias de precio por lo que si no se quiere una colección auténticamente espectacular se puede uno ahorrar bastante dinero (basta con no buscar ejemplares "perfectos") Por otra parte, como en cualquier otra actividad comercial, los precios varían de un vendedor a otro por lo que es buena política mirar en varios sitios antes de comprar. Actualmente existen muchas y variadas ofertas de venta por Internet, lo cual es bastante más cómodo y rápido que recurrir a los catálogos habituales, además de la posibilidad de pujar en subastas donde pueden encontrarse a menudo muy buenas posibilidades. Una vez más os remito a la sección de Enlaces.
Cómo conseguir ejemplares

